Gen 1:2
Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
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El ORIGEN DEL PECADO
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El asunto del origen del mal moral y la razón de su existencia naturalmente gira en una de las tres siguientes posiciones, cada una de las cuales muchas personas han sostenido seriamente: (1) Que Dios es el autor directo del pecado y que El sólo es responsable por él, siendo el hombre un agente irresponsable que lleva a cabo su
voluntad; (2) Que Dios ha visto propicio usar el pecado como su método para traer algunos buenos resultados que de otro modo no se podrían obtener — un punto de vista algo relacionado con la primera posición; (3) Que el mal moral en ningún sentido es de acuerdo con la voluntad de Dios y no forma parte de sus planes, de sus propósitos ni de sus caminos; que se originó en el finito y por apostasía de Dios; y que, por lo tanto, Dios no es responsable por el pecado, sino que todas sus relaciones con el pecado son antagónicas y consisten de prevención, de remedio o de castigo.
La primera posición —que Dios es el autor directo del pecado—se opone a toda revelación que Dios ha hecho de Sí Mismo en su Palabra. Es también irreconciliable con la razón y el sentido interior moral de la humanidad.
Dios es el autor de lo que ellos denominan “mal físico”; por lo tasto citan los textos: “Hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová sóy el que hago todo esto” (Isaías 45:7). “¿Habrá algún mal en la ciuad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6). Tal mal consiste castigo o juicio temporal que Dios trae sobre los hombres a causa de sus pecados (Jonás 3:10). Dios no es el autor del mal moral o pecado. Es infinitamente santo. Uno no debe acusar a Dios, “que no miente” (Tito 1:2), de todas las falsedades que se han proferido durante las edades, ni declarar que el Santo, quien es “muy limpio...de ojos para ver el mal, ni puede ver el agravio” (Habacuc 1:13), es, después de todo, su causa directa.
La segunda posición —que el pecado es el método elegido por Dios para traer el más grande bien— ha tenido un más grande número de partidarios. Ellos suponen que, aunque el pecado es Contrario a la naturaleza de Dios, es, sin embargo, de acuerdo con su voluntad que los hombres pequen a fin de que su glorioso poder pueda manifestarse, trayendo a efecto el plan de redención, a fin de que el pecador pueda experimentar los exquisitos deleites y goces del contraste del ser redimido del pecado. Pero si todo esto es necesario a fin de asegurar la felicidad a los seres finitos, los ángeles de los cielos deben ser muy dignos de lástima, porque, según lo que sabemos; ellos nunca han tenido el privilegio de experimentar este contraste bendito!.
La Biblia en ninguna parte introduce el pecado como obra o método de Dios. ¿Puede Dios, consecuentemente, decretar que debemos pecar y al mismo tiempo prohibirnos que lo hagamos y amenazarnos con los más severos castigos si pecamos?.
La tercera posición armoniza con el sentido moral del hombre, con las enseñanzas claras de la Palabra y con todos los hechos conocidos en el caso. El mal moral es contrario a la naturaleza de Dios, contrario a sus planes, sus propósitos y sus caminos. Todas sus relaciones con el pecado son antagónicas. Se originó en el finito y por
apostasía de Dios.
Dios, siendo santo, no podía hacer un ser pecador, como tampoco puede mentir (lo cual se declara es imposible); porque Dios actúa solamente de acuerdo con su propia naturaleza y atributos. Pero, si, pudo hacer, como lo hizo, un ser inteligente muy semejante a El. Inteligencia, sin embargo, implica causa verdadera, que el ser así dotado posee inherentemente el poder de actuar espontáneamente. Sin este elemento de libertad, ese poder de elegir y determinar su propia conducta, la verdadera inteligencia y la responsabilidad moral no podrían existir.
Poseyendo el hombre en si mismo el principio de causa, tan real como el de su Creador, de modo que pueda actuar espontáneamente, vemos al instante que está dentro de su alcance también el actuar mal. En otras palabras, la posibilidad de pecado es inherente en todos los seres morales; porque manifiestamente es imposible hacer el bien espontáneamente sin poseer la habilidad de también hacer el mal. Esta es la clave de todo el argumento. El problema del pecado es un problema de gobierno moral. El individuo con una voluntad personal posee un método y propósito exclusivamente propio.
Dios no es responsable en ninguna manera de su pecado. Una vez habiendo creado al hombre un ser inteligente en su propia imagen, la responsabilidad de Dios en este respecto cesó. El universo como una unidad fisica está incompleto, pero cuando se pobló de seres morales capaces de rendir servicio inteligente y voluntario a Dios, el plan se perfeccionó. El hombre sobresale como la obra culminante del esfuerzo creativo de Dios.
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